“Y entonces miré el cielo y ahí estaba, con su sonrisa cotidiana invitándome a volar, suavemente fui desprendiéndome del suelo, casi siendo arrastrado por las leves ráfagas de aire, en estas épocas el viento suele estar tranquilo, difícilmente pueda enojarse y escupirme un fuerte soplido. Hay nubes, sí, pero no es un problema, le dan textura al cielo y hasta a veces me dejan descansar en ellas. Mirándolas con un poco más de atención podría aventurarme a decir que aun no va a llover (eso quiere decir que puedo permanecer un tiempo más dando vueltas). Tampoco es la lluvia lo que me preocupa, sino los rayos; cuesta esquivarlos, nunca pude encontrar un método para saber cuando van a caer cerca mío, o mejor dicho, encima mío. A veces pienso que no podrían hacerme daño, después de todo estoy volando, el rayo me impactaría y seguiría su camino, sería parte del rayo por un instante. Varias veces pensé en sobrevolar las tormentas, pero no podría bajar hasta que terminen, o tendría que alejarme bastante para lograr descender... descarto la idea, me aburriría demasiado a esas alturas, además hace frío. En realidad alguna vez tendré que afrontar la situación y llegar a esas alturas (a pesar del frío), eso si alguna vez quiero llegar a la Luna, cosa que estoy pensando seriamente desde hace un tiempo, pero es un proyecto a largo plazo. De momento me siento bien estando cerquita de la tierra, aunque reconozco que algunas veces me alejo tanto que me olvido por unos segundos de ella, pero la verdad es que enseguida la vuelvo a extrañar. Es que también hace falta alejarse un poco de la tierra para poder apreciarla mejor, la vista es maravillosa.”
Si lo leíste y estabas esperando un final más concreto, no te preocupes, podes empezarlo a leer nuevamente, pero cambiando una parte:
“Y entonces miré el cielo y ahí estaba, con su sonrisa cotidiana invitándome a tomar unos mates”,
Fin
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